Oigan, sé que morían por saberlo, pero no entiendo el futbol.

A lo mejor fue por los balonazos que recibí en la cabeza mientras estudiaba la primaria, que en una de esas dañaron el área de mi cerebro destinada a los deportes; lo cual sería demasiado poético para ser verdad. Tal vez el haber crecido en la Ciudad de México de los ochenta y noventa, cuando los índices de contaminación provocaban rumores de que los pajaritos caían sin vida de los árboles, me hizo relacionar la actividad física con un terrible peligro de muerte. Quizá fue una reacción alérgica a los pósters horrendos del Necaxa que adornaban la habitación de mi crush de la secundaria, la primera señal de que nuestro amor no podría ser. El caso es que no entiendo el futbol.

Pero más bien es que a las morritas se nos socializa para que no nos guste el futbol. Primero en la escuela, cuando se burlan de ti por correr, patear y jugar “como niña”, o te tachan de “machorra” si sobresales y arrasas en la cancha, así que mejor te abstienes porque, hagas lo que hagas, te van a joder. Luego, en los medios, donde hombres de traje comentan sobre hombres de short que tienen seguidores hombres que se arrancan la camiseta de pasión. Y de pronto... ¡una chava buenota en el estadio! Hagámosle un boobs shot, ¡a huevooooooo! 🤦.

Que no te guste el futbol es algo que, como mujer, se espera de ti. Y si te gusta, como en todas las aficiones tradicionalmente masculinas, los seguidores te hacen un “examen” para ver si estás “a la altura”:

A ver si tan pambolera, ¿quién era el director técnico del Toros Neza cuando llegaron a la final en 1997? ¡¿Quién?!

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¿Cuánto pesa el balón oficial? Aaaah, me imaginé que desconocías el dato, ¿y así quieres opinar? Mmmmm.

¿Cómo se llama el papá del delantero centro de la selección de Perú?... ¿No sabes? Lo sospeché, ¡impostora!

Incluso se nos niega el derecho a mamonear con nuestra ignorancia. Mientras los vatos antifutboleros se ponen su saco de pana con parches de piel en los codos para proclamar que el soccer es el verdadero opio de las masas (¡ooooooh, maestro!) y convierten el no saber qué es un fuera de lugar en una especie de podrida noción de superioridad moral, en nosotras es un ‘Ah, sí, las morras no saben de futbol’. Además, hace demasiado calor para usar saco de pana.

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Normalmente, el futbol es prescindible y una puede continuar con su vida así, jugando Candy Crush mientras los demás hablan de las hazañas en la cancha de no sé qué señor del Real Madrid o del lamentable desempeño de no sé qué tipo del Cruz Azul. Pero cada cuatro años, el planeta entero se pone patas arriba con el Mundial, y entonces sí está feo no ser parte del evento que hace el mundo arder.

Por eso estoy aquí, reclamando caprichosamente que nos den chance de ir a la fiesta a las que quisieron sacar de la jugada (¿vieron lo que hice ahí?, una referencia deportiva, ¡soy Juan Villoro!). Y una vez allá, ser esa persona incómoda que nadie conoce, que critica todo, malcopea, intensea, pone su playlist horrible, vomita la alfombra, se queda hasta el final y, cuando le reclaman, dice ‘si ya saben cómo soy, ¿para qué me invitan?’. Pues eso.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestro blog como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Entretenimiento o la de su línea editorial.