Fútbol es lo de menos

Si le puedes ser fiel a tu equipo, ¿por qué no me puedes ser fiel a mí?

Una de estas noches decidí ver un explainer (o sea, video explicativo) sobre la monogamia, así como hace un mes leí un especial sobre el ‘amor’ en Nueva York que incluía fiestas sexuales en rooftops de la Gran Manzana.

Sí, el tema de las parejas de “toda la vida”, las decepciones y los amores me anda dando vueltas en la cabeza. Por un lado están Amal y George Clooney, y uno dice: #RelationshipGoals. Luego tienes novio y andas nivel CIA para ver si te está poniendo los cuernos o simplemente hablas con una tía que tiene 30 años de casada y bueno... se corren las cortinas.

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Entonces uno se pregunta: ¿podemos amar y ser fieles -monógamos- para toda la vida?

Y vives en esa incertidumbre eterna, hasta que... llega el Mundial. Ahí hay un destello de claridad: toda su atención -la de él- está solo en su equipo, no cabe ninguna duda. El cacho es la FIFA y con eso podemos estar todas bien. Pero en serio, ¿será que su selección (patria o bandera) es el amor verdadero y nuestra realidad, pues bueno, no lo es?

Y entonces este explainer viene y dice que la monogamia es un invento (como lo son las banderas) y que la realidad es que todos tendemos a ser infieles. Más los hombres por razones sociales y biológicas 👿.

Pero jamás pensaríamos eso si hablamos de equipos o selecciones de fútbol, que la monogamia futbolera, eso de ser fiel siempre al mismo team, es un invento.

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Y el corto documental seguía: “Por primera vez en la historia, tratamos de desarrollar relaciones que no están basadas en la coerción”, de mujeres y hombres. ¿Estamos tratando de buscar un nuevo balance?: “La monogamia no es natural [...] La monogamia es como el vegetarianismo, puedes escogerlo”, relataba el video.

Al parecer no soy la única que se anda preguntando cómo es que deben ser las relaciones de pareja ya libre de los prejuicios o las ideas heredadas (¿retrógradas? y respetables) de nuestros padres.

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Porque vaya que todos hemos querido ser infieles 🤘 en esta vida y probablemente todos lo hayamos sido de alguna manera. Y tratando de comprender eso del ‘amor y otros demonios’ (entendiendo a los demonios 😈 como aquellos que nos seducen), pensé en el Mundial. Es como la ceremonia religiosa del amor verdadero. Ellos se entregan a su selección en cuerpo y alma. Y un gol es así como la comunión. Es un amor incuestionable, eterno, es fiel, profundo, pasional. Lo tiene todo, vamos.

Quiero ser tu equipo del Mundial (¿quiero?)

Así, imaginé que eso de la fidelidad podía ser como irle a un equipo, a tu país pues. ¿Se te ocurriría serle infiel a Colombia o a México? Es decir, si eres mexicano, te irías a la cama con la selección colombiana (tan bien que está jugando tu equipo en el Mundial, vale). Y aún si juegan mal, ¿pagarías tus penas con otra? (selección, digo). Ah, es que el amor al equipo no va solo de meter goles, ¿no?.

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Entonces pensé: obvio, pero es que el Mundial es cada 4 años pasa entre juerga, cervezas y amigotes. A la pareja, en cambio, la tenemos que ver todos los días, acostarnos todos los días (esperemos) e inventarnos unas piruetas de vez en cuando para mantener a la audiencia entretenida. Imagínate que pierda tan solo la mitad de los partidos, ¿e igual tienes que verla jugar TODOS los días? Y ahí sí: qué pesado, ¿no?.

Igual lo que nos cansa no es la monogamia, sino la monotonía, y no hace falta estudio biológico para eso. ¿Podremos acaso esperar que la lealtad a una relación de día a día sea tan incondicional como a la selección a la que vemos de vez en cuándo?

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Lo que sí creo es que tanto la patria como la pareja necesitan de algunas reglas y de sus banderas. Si no, ¿quién se arriesga a apoyar a un equipo (de once o de dos) y mucho menos anotarse en un Mundial (o a una vida en común) sin tener claro a qué se juega?.

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