Me casé 👰 hace menos de dos meses. Cada vez que alguien preguntaba a dónde iríamos de luna de miel la respuesta no tenía dudas: sabemos a dónde queremos ir, pero hay un ‘pequeño’ detalle... antes había un viaje pendiente.

Un viaje que queriendo (o no) mi esposo había planificado antes de la boda y que casados por la iglesia (o no) él quería que hiciéramos juntos, ir a Rusia para el Mundial. Ojo, esta no es mi luna de miel. Valga la aclaratoria. Repetir esto me da un poco de tranquilidad.

No soy aficionada a los deportes. Entiendo el béisbol por inercia venezolana y el fútbol para socializar. Veía béisbol con mi papá (el deporte bandera en Venezuela) y lo disfrutaba mucho; ya adulta entendí que más allá del deporte, lo que realmente disfrutaba era su compañía, compartir algo con él, que me explicara cosas que yo no entendía.

El fútbol vino después. Soy de esa generación que creció con el deseo (o nacionalismo marcado y esperanzador) de ver a la vinotinto en un Mundial. Un deseo que alimentó esa ola de jugadores talentosos que le dieron una nueva cara al deporte, aunque el objetivo todavía no se cumple.

Eso sí me hacía ver fútbol con ganas, el amor a mi país. Casada con un argentino confirmé que, al menos para ellos también, parte importante de la pasión por ese deporte es el amor a tu país. Y sí, me tocó conocer mejor a Messi, al Barcelona y tomar la decisión de ir a un Mundial. 🤦🏻‍♀️

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Creo que mi decisión de ir a Rusia tiene varias fases:

  • La negación: verlo como un gasto innecesario que en momentos en los que queremos ahorrar nos podíamos evitar, o que al menos yo me podía evitar.
  • La aceptación: asumir mi responsabilidad de mujer casada que comparte experiencias con su marido y darle la oportunidad de disfrutar cosas que le gustan.
  • El disfrute: ya aceptando lo que se venía y entendiendo que son oportunidades que quizás se presentan una sola vez, debo disfrutar del viaje.
  • Y la última, la que estoy viviendo actualmente y la que ahora le da sentido a todo, el disfrute sincero: he decidido el conocer de primera mano la pasión de mi esposo por el deporte, compartirla, verlo feliz, agradecer por vivir algo único, disfrutar yo también a mi manera y ser turista en un país que quizás no vuelva a pisar.

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Porque pasé de no tener emoción a ya querer llegar y curiosear, ver cosas nuevas, indagar en una cultura desconocida para mí, ser testigo de ese sentimiento que aflora en mucha gente estar en un juego, que los hace llorar 😭 y que todavía me cuesta un poco (o mucho) entender.

He decidido ser una analista desde mi perspectiva y contar lo que veo. Al fin y al cabo, el fútbol es quizás solo la excusa para alimentar mi deseo de querer entenderlo todo y buscarle explicación a cada cosa que veo. Al final, ¿el fútbol no es lo de menos?

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestro blog como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Entretenimiento o la de su línea editorial.