Tuve una vez un novio que me dijo, “tú tienes que entender: los hombres tenemos una edad mental de 9 años”. En ese momento de mi intensa obnubilación amorosa, me pareció casi una revelación.

Era por eso que nuestra relación no avanzaba, que le tenía miedo al compromiso, que no podía darme explicaciones y solo silencios… en fin. Igual la historia no iba a dar para más.

De ahí para acá he oído frases similares continuamente. Hace unos días recordé el comentario al leer un tuit de un tipo respondiendo a la (ya de por sí absurda) discusión en redes de qué edad tendremos para el #Mundial2026. El susodicho se tranquilizó afirmando que tendría la misma edad que tuvo cuando sucedió México 86 o Italia 90 o Francia 98 o (escriba la fecha de su elección): exactamente 8 años.

Anoche mi esposo comentó el tristemente famoso video que se ha vuelto viral de los colombianos aprovechándose de unas japonesas que no saben español para hacerles repetir unas frases ridículas (y obviamente) sexistas.

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El jueguito del señorcito en cuestión era en principio uno que haría Jerónimo, con sus cuatro años, cuando repite bajito entre risas “pipí, popó y cola” 💩 para que yo no lo oiga y me enoje por lo inapropiado del lenguaje. Un juego de niños. Una broma escolar. Una acción absurda, infantil y ridícula. Aunque la del colombiano era obviamente menos inocente -las palabras a repetir eran insultos y ofensas de índole sexual a una persona que no entendía el contexto ni lo dicho. Un abuso, vamos.

Aún dándole el peso justo a cada una de estas acciones, lo que en realidad me sorprende es la tranquilidad con la que los tipos (y muchas mujeres) aceptamos esta aseveración de que no importa la edad física, la edad mental de los hombres nunca superará los 10 años.

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No estoy tan convencida de que las mujeres lidiemos con total resignación al que todas ‘somos histéricas’, ‘nos gustan los piropos’ o ‘jugamos a las muñecas”.

Que “son unos niños” 🚸es una de esas frases que ellos repiten casi con orgullo de género y ellas con un toque de resignación. Como una verdad universal. Física e irrefutable. Y eso se exacerba cuando festejan un gol, cuando lloran por una derrota o cuando su euforia termina destruyendo un monumento nacional.

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Y no, señorcitos, temo decirles que la “inmadurez masculina” no es más que un invento que bien les ha caído a varios para librarse de sus responsabilidades, para seguir comportándose como niños y para zafarse de cualquier culpabilidad. Es el pretexto perfecto para acciones inocentes que van de llenar un álbum Panini 🎫en horario de oficina hasta otras más graves como andar dejando hijos regados por el mundo.

Pruebas hay: este blog hace casi un recuento.

Como bien le dije al novio aquel cuando terminamos: “Gracias pero yo no necesito a un niño de 9 años para resolverle los días. Quiero un hombre a mi altura para compartir mi vida”.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestro blog como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Entretenimiento o la de su línea editorial.