Fútbol es lo de menos

Mamá 1 - Papá 0

El dilema de ser mexicana y tener un marido colombiano no radica solamente en el problemita a la hora de cruzar la frontera estadounidense tratando de explicar que no soy ‘La Reina del Sur’ y él no pertenece a ‘El cartel de los sapos’. O si le decimos “manita” o “manito” a nuestra extremidad superior.

Radica, sobre todo en la decisión (guiada por supuesto) de a qué equipo de fútbol nacional le va a ir Jerónimo, nuestro único hijo nacido en Miami, que a sus 4 años le importa mucho menos el balompié que los tiburones o los dinosaurios.

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El equipo estadounidense (y más bajo el gobierno Trump) queda de momento descartado por default. En esta casa NO vamos a gritar “USA!” por ningún motivo; y por fortuna ni fueron al Mundial.

Pero aún con apenas cuatro añitos, desde hace varias semanas, ya está recibiendo un (absurdo) curso intensivo de futbolización, todo patrocinado por papá.

He desgastado mis mañanas pidiendo una explicación -sin éxito- de esta necesidad imperante de ‘tener un equipo’ que a mí me parece por demás irrelevante.

Las justificaciones son de lo más variopintas:

Tener un equipo ‘nacional’ (y apoyarlo hasta la muerte) es a ojos de mi significant other tan importante como un acta de nacimiento. Según él es ahí donde radican sus verdaderas raíces y no si desayuna arepa o tortilla.

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Es una elección que no cambiará a lo largo del tiempo, según dicen; así pierdan cada uno de los partidos o no clasifiquen al Mundial.

Es tan importante como profesar una religión: creer con fe ciega en una victoria imposible y la única esperanza de redención ante un penal fallido.

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Es lo que dará al niño algún sentido de pertenencia, aunque yo le ponga el himno nacional cada mañana.

Así que iniciada la batalla, decidí concentrarme en la futbolización del niño hacía sus raíces -de mi lado, obvio. Que le vaya a México es solo una revancha personal porque creo que somos más cool (Maluma permitiendo), es más probable estadísticamente que la selección mexicana vaya al Mundial y, objetivamente, Rafa Márquez es más guapo que Falcao.

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Por ahora, y a unos días de iniciar la contienda, la desesperante rutina de Jero por parte de papá incluye:

1. Mirar los partidos de James - ✔️

2. Llenar con precisión obsesiva el álbum Panini - ✔️

3. Tener el uniforme completo (o-fi-ci-al, obvio) de la Selección de Colombia - ✔️

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4. Aprender a decir “co-lom-bia pa-pá” con acento paisa tras cada buena jugada - ✔️

5. El último intento: meterlo a clases intensivas de soccer - el ✔️ pasa sobre mi cadáver.

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Sin embargo, con todo y mi espíritu patriotero que pone ‘Coco’ una vez a la semana, alza ofrendas en Día de Muertos y compra máscaras de ‘El Santo’, me he encontrado con serias desventajas en el proceso de ‘México-futbolización’ de mi hijo:

1. Ver en acción al Chicharito – 🙄

2. Gastar en promedio 600 dólares para llenar un álbum de papel con fotos de licencia de conducir de tipos de los que no me sé el nombre – Ni loca pudiendo gastarlos en Sephora 🤑

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3. Tener la ‘verde’ oficial - ✔️ porque, por alguna razón, históricamente está entra las playeras más vendidas en el mundo.

4. Enseñarle a gritar “leeerrooo” o “puuuto” como símbolo de orgullo nacional – un evidente atentado a la diversidad (y el buen gusto) 🚫

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Con todo y mis esfuerzos, asumo que llevo las de perder en la competencia por ganar esta batalla ilógica sobre el Equipo Nacional (sí, con mayúsculas) que Jerónimo llevará casi tatuado en el corazón, del que va a contar sus hazañas (o más bien sus fracasos históricos, si somos realistas), del que se servirá como referencia para contar etapas de su vida (“recuerdo que cuando te conocí se jugaba el Mundial en...”), del que no se va a perder ningún partido sin importar el huso horario, y del que va a repetir como un mantra que “si ganamos el Mundial, ya puede morir en paz”.

Igual que su papá, mi papá y los amigos de su papá.

Ante la guerra fría premundialista que en estos días se estaba orquestando en el hogar, decidí como diría mi abuela “que en alguien debe caber la cordura” y esa sería yo: no insistiría más y que el niño se vista si quiere de amarillo todo el mes.

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Esta mañana, Jero salió convencido con el balón entre los pies. Hizo un movimiento con la pelota que a mí me pareció torpe pero que para el padre fue como si hubiera hecho una chilena, con los ojos cerrados y de zurda.

“¿Qué fue eso, mi amor?”, le gritó emocionado.

“Soy Messi”, respondió.

😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestro blog como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Entretenimiento o la de su línea editorial.

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About the author

Jossette R

Durante su carrera ha sido redactora, reportera, editora, bloguera y ajonjolí de todos los moles. Solo el nacimiento de su hijo la alejó de las redacciones. No tardó en volver.