Una colega mexicana se probĂł una camiseta de la selecciĂłn de fĂștbol colombiana y se dio cuenta de que la horma era mucho mĂĄs ceñida que la de la camiseta de la selecciĂłn mexicana para mujeres. Claro que todas las colombianas somos diferentes y tenemos diferencias preferencias de vestuario, pero tambiĂ©n es cierto que en el mundo hay algo que se conoce como “el estilo de la colombiana”, que no viene de nuestros exitosos diseñadores y diseñadoras de alta costura, sino que emana de la ropa del comĂșn, vistosa, escotada, ajustada al cuerpo, la preferida para mostrar curvas por miles de colombianas.

A muchas colombianas nos gusta mostrar piel. Esto es especialmente cierto para las mujeres de provincia, como yo, que soy barranquillera, pero tambiĂ©n es la locura en clases medias y bajas. Nos gusta la falda un centĂ­metro mĂĄs corta y el escote un poquito mĂĄs abajo. Y bueno, no son solo las camisetas 👚, y bodies atados con cordones, faldas de boleros, bikinis, tacones todo al mismo tiempo y con el tricolor de la selecciĂłn, una realidad que insiste en superar a la ficciĂłn. La historia del fĂștbol colombiano tiene un acervo de colombianas en los estadios đŸŸïž que serĂ­a un gran tratado visual sobre la feminidad de las mujeres del paĂ­s.

Luz Lancheros, editora de moda de Metro World News, Publimetro explica que aunque “han nos han tratado de imponer lo sexy segĂșn el estĂĄndar europeo, pero eso no funciona para las mujeres colombianas quienes quieren destacarse por sus atributos y no necesariamente por su por su elegancia”. DespuĂ©s de todo, esas ocasiones “elegantes” son poco frecuentes, y menos para la mujeres de a pie”, dice Lancheros.

“Seguimos pensando que la moda es lo europeo y eso hace que no reconozcamos las curvas como una forma de validarnos. Hay una pelea colonialista y machista đŸ’Șentre asociar la curva y la exuberancia como algo de pueblos inferiores y esto sigue viĂ©ndose en las imĂĄgenes culturales que vemos en Hollywood y en la disyuntiva Kardashian como un sĂ­mbolo de mal gusto. Salma Hayek o SofĂ­a Vergara, cuando son mostradas como bombas sexuales latinas pierden seriedad, porque sus curvas contradicen los estĂĄndares de disciplina y cero curvas de los europeos. Cuerpos que se privan de los placeres del sexo y de la comida, que son tan latinos”, añadiĂł.

En un mundo que subestima y convierte en exĂłticas a las mujeres con curvas, llevarlas con orgullo es una forma de resistencia (quizĂĄs no una resistencia frente al patriarcado pero sĂ­ frente al clasismo y colonialismo). Aunque quizĂĄs no por mucho tiempo, porque aunque muchos critiquen a las beldades colombianas de los estadios, tambiĂ©n hay miles de personas en el mundo que quieren parecerse a ellas. No en vano la prenda de moda colombiana que mĂĄs se vende en el exterior, que arrasa en JapĂłn y en MĂ©xico, es el “jean colombiano” o “jean sin bolsillo” conocido coloquialmente como sinbol. Mientras el mundo se muere por usar estos pantalones que se ajustan como una segunda piel, el Colombia se asocian con el “mal gusto”, con el “arribismo” y hasta provocan juicios sobre nuestra moral sexual. Es que las mujeres debemos ser unas mamacitas sĂ­, pero que no se note que lo sabemos, no vayamos a ostentarlo porque nos pierden el respeto.

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El discurso sobre el buen gusto serĂĄ hegemĂłnico en algunos espacios pero la oferta de la ropa popular dice otra cosa: a muchas mujeres, a muchas colombianas nos gusta mostrar piel. Y sĂ­, tiene que ver con que hemos crecido con unos ideales de belleza que no escapan a la influencia del narcotrĂĄfico, como todo en nuestro paĂ­s. Tiene que ver con que para algunas colombianas ser bellas, segĂșn esos estĂĄndares, puede ser la Ășnica forma de tener movilidad social o una buena vida. Otras porque se sienten felices y poderosas al mostrar su cuerpo. Ninguna de estas razones tienen nada de malo, al contrario, basta ver la oferta infinita de memorabilia sexy amarilla azul y roja para maravillarse con la creatividad de nuestra estĂ©tica popular. Celebremos entonces su atrevimiento, su picada de ojo consciente del lente de la cĂĄmara, es su forma de decirnos que se vistieron para ellas y no para nosotros.