Como ya confesĂ© en mi post anterior, el fĂștbol no es lo mĂ­o. Pero hay momentos en que comprendo perfectamente la pasiĂłn ante los goles que ocurren a miles de kilĂłmetros de distancia, el entusiasmo desbordado y, sobre todo, la forma en que algo asĂ­, aparentemente tan ajeno, te puede romper el corazĂłn.

Uno de esos días fue el partido de México contra Holanda en el Mundial de Brasil en 2014. Como no recuerdo los detalles, acudí a mi novio, que en su sistema operativo de chilango (término en que se conoce a los habitantes de la Ciudad de México) heterosexual trae preinstalado el gusto por los deportes. Pråcticamente me dictó lo siguiente:

“En octavos de final, MĂ©xico jugĂł contra a Holanda. Iban empatados 1-1. Era el minuto 91 y parecĂ­a que se iban a ir a tiempos extra. En una jugada, Arjen Robben se metiĂł al ĂĄrea y Rafa MĂĄrquez puso el pie. El holandĂ©s se aventĂł como si le hubieran dado un balazo. El ĂĄrbitro marcĂł falta y fue penalti. Fue una cosa de apreciaciĂłn, pero Robben lo vendiĂł muy bien. El equipo de Holanda metiĂł el penalti y MĂ©xico se fue a la verga en el Ășltimo minuto y entonces OTRA VEZ no pasaron al quinto partido”.

(Paréntesis: él no consultó ninguno de estos datos. Los tiene almacenados en su disco duro mental, junto con otros terabytes de información deportiva. ¥¿Por qué no estå concursando en una trivia millonaria que lo saque de trabajar?!).

Bueno. BĂĄsicamente, a pesar de que era un empate, millones de mexicanos se sintieron seguros de la victoria de su equipo, felices, ya con un pie fuera de la casa como para irse al Ángel de la Independencia a celebrar (o al monumento o plaza equivalente de su ciudad). Pero de Ășltimo minuto, por una tonterĂ­a, por un mĂ­nimo margen de error dudoso, les arrebataron la ilusiĂłn.

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Yo entendĂ­ el dolor y empaticĂ© con Ă©l, no porque me ilusionara mucho que el Tri (el equipo, no el grupo de rock) ganara el Mundial de FĂștbol, sino porque fue la alegorĂ­a perfecta de... ÂĄlas elecciones presidenciales de 2006!.

En esta burda comparación, México somos los pejezombis (como nos dicen peyorativamente a los que apoyamos a Andrés Manuel López Obrador, AMLO, candidato de la izquierda) y Holanda son los panistas (los del partido de derecha, que obviamente sí quisieran ser holandeses, 100% rubios y con euros en la cartera en lugar de devaluados pesos).

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Contexto histĂłrico para quienes leen desde otras coordenadas: 2006, AndrĂ©s Manuel LĂłpez Obrador se postulĂł por primera vez a la presidencia. Por meses encabezĂł las encuestas, asĂ­ que tanto Ă©l como el electorado izquierdoso nos confiamos. Igualito que los fans del fĂștbol, tenĂ­amos un pie en la puerta para salir a celebrar el triunfo de nuestro candidato. Pero al final, entre que se apendejĂł y que le hicieron una guerra sucia mediĂĄtica mĂĄs cochina que cualquier actuaciĂłn de Arjen Robben, llegaron con empate tĂ©cnico al dĂ­a de la elecciĂłn. Posiblemente hubo fraude electoral (la controversia e irregularidades de la elecciĂłn hasta tienen su entrada de Wikipedia: clic), asĂ­ que a la mera hora ganĂł Felipe CalderĂłn Hinojosa, del partido de derecha, con las desastrosas consecuencias que hoy conocemos (la guerra contra el narcotrĂĄfico tambiĂ©n tiene su entrada en Wikipedia: clic).

Para mí, amanecer con la noticia de que ya se le había dado el triunfo a Calderón fue tan devastador como una goliza contra tu equipo favorito. Con la diferencia de que esto afectaría las vidas de los mexicanos por no uno, no dos, no tres, no cuatro, no cinco sino SEIS AÑOS. Y que para tener otra oportunidad de ganar habría que esperar otro sexenio, sin repechaje ni torneos intermedios.

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AquĂ­ es donde los lectores serios entran a reclamar: Plaqueta cĂłmo te atreves a comparar un acontecimiento polĂ­tico tan relevante con una frivolidad como un partido de fĂștbol.

Y es cuando yo respondo: querido analista polĂ­tico de altura, por supuesto que no tiene que ver una cosa con la otra, pero como humanos que estamos del otro lado de la pantalla, ya sea gritando por los goles o por las pendejadas que dicen los candidatos durante los debates o esperando los resultados de una elecciĂłn, somos seres mĂĄs emocionales que racionales, un manojo de neurotransmisores disparados que explotan como palomitas de maĂ­z en nuestro cerebro. No, no es lo mismo, pero al nivel mĂĄs bĂĄsico, al nivel humano-chango, se siente igual.

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Las elecciones son el Mundial de los chairos (neologismo chilango que se refiere muy genéricamente a las personas de izquierda muy estereotípicas) y de la gente politizada en general. En Colombia ahorita estån en el åcido electoral y dos semanas después nos toca a nosotros, los mexicanos, y creo que entre la contienda y los futboles nos va a dar un soponcio, un tramafat y un telele. Ya estaremos reportando (si sobrevivimos emocionalmente para contarlo).

(Otro paréntesis, específicamente para lectores mexicanos: sí, soy pejezombi. O sea, no zombi-zombi, porque aunque definitivamente voy a votar por él, como hice hace seis y doce años, obviamente me parecen lamentables un chingo de ideas, declaraciones y estrategias de AMLO, pero creo que la mejor forma de neutralizar un insulto es reapropiåndoselo y burlåndose de él. Y si quieren debatir, sepan que soy caso perdido: desde 2000 andaba yo bien pejechaira, así que el virus ya se instaló en lo mås profundo de mi masa cerebral. Elijan mejor sus batallas. Sigamos hablando de no-futboles y ya.)

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicaciĂłn en nuestro blog como una contribuciĂłn al debate pĂșblico. La(s) visiĂłn(es) expresadas allĂ­ pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visiĂłn de Univision Entretenimiento o la de su lĂ­nea editorial.